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sábado, 17 de marzo de 2012

Entrevista en Onda Cero. "Gente de Burgos"

Parece ser, que el destino no me tiene, como temía yo, predestinado a dar siempre pequeños pasitos. El tema del reportaje en el periódico del Diario de Burgos, suponía un paso grande. Así pues, tan sólo dos días más tarde, recibí un mail de la locutora de radio de Onda Cero, Lydia. Me invitaba a realizar una entrevista al día siguiente para relatarle un poco mis experiencias del puerta a puerta. Todo ello suponía otro paso más grande. Y ya van dos. No cabía en mí. Acepté encantado y aquí os muestro lo que allí se dijo:





http://www.goear.com/listen/60b36cd/entrevista-sergio-hernandez-lopez-pastor

Gracias a este peculiar sistema de promocionar mis libros, hoy me ha sucedido una curiosa anécdota sobre el impacto que tienen estos medios sobre todos nosotros.

"Me encontraba en cualquier planta de cualquier edificio en Miranda de Ebro y toqué a una puerta. En seguida me abrió una señora.
- Hola buenos días- dije- mira que soy Sergio, un escritor que está promocionándo su primera novela...
- No, no me interesa, gracias.
- Solamente estoy buscando a gente que le guste leer- insistí.
- Es que tengo un problema en la vista y desde hace mucho que no leo...- recuerdo que dijo.
Ante tal negativa me dispuse a tocar la puerta colindante, tras despedir a  la señora que ya había cerrado su puerta.
La espera correspondiente a la segunda llamada se intensificaba y, en esto, a mis espaldas noto cómo se abre la puerta anteriormente cerrada.
- Oye, tú ayer, por casualidad, ¿no saliste en la radio?- la señora con el problema de visión me preguntó.
Afirmé.
- ¿Me escuchó en el programa "Gente de Burgos"?
- Sí, me ha parecido que la voz...- me sentí ilusionado- el caso es que tengo una hija que sí que le gusta leer... ¿Qué sale el libro?
Mientras se lo iba dedicando, le pregunté sobre qué le había parecido la entrevista, puesto que yo, por el momento no había tenido la oportunidad de escucharme (no había recibido aún el mail con el archivo desde Onda Cero).
- Me pareciste un chico majo, que demuestra que tiene muchas ganas de trabajar.
Aún me resuenan en los oídos tales palabras. Me siento satisfecho de tales comentarios.
Y, en realidad, creo que es totalmente cierto, puesto que, pensándolo detenidamente, es verdad que la situación por la que pasa el mercado laboral,  me ha dejado en el paro, pero en todo este tiempo puedo asegurar de manera fehaciente que ninguno esos días he estado parado."

También me encuentro a gente que me dice: "Hala, si tú eres el del periódico".
Veo que todo esto va haciendo algo de ruido.
Agradezco desde aquí a todos los que conseguis que esta labor sea más llevadera.

domingo, 11 de marzo de 2012

El escritor errante...

Sí, fue hace un par de semanas. Recibí un correo electrónico desde el Diario de Burgos. La reportera me indicaba entre otras cosas: "...son varias las personas que me han hablado de tu particular cruzada para dar difusión a tus libros..., ...me interesa ese puerta a puerta que estás realizando ahora por Burgos..., ...si te apetece contarme tu historia, ponte en contacto conmigo".

Sentí en ese momento, que la cosa iba funcionando. No solamente, distribuía mis libros, sino que los lectores hablaban entre ellos, sobre mi forma de proceder. Suponía, todo esto, no ya uno de los pequeños pasos a los que ya estoy habituado, salir en el periódico era dar un paso más grande. Por supuesto, no lo dudé. Todas las herramientas que puedan estar a mi alcance para la difusión de la trilogía, son pocas. Y, ésta era una y de las importantes:

 ¡Salir en un medio de comunicación, por vez primera!











Fue a eso de las once de la mañana cuando Carmen, una simpática señora, la cual me recibió extrañada en un principio, como es lógico, pero a medida en que le iba relatando mis intenciones, me comentó que sí que le gustaba leer. Me explicó que le parecía admirable la labor que estaba realizando. Adquirió, casi sin dudar, un ejemplar de "Soy un gusano". Se trataba del número 612.

Realizamos la entrevista con Inma, la redactora y Miguel Ángel, el fotógrafo, mientras tomábamos un café en un centro social y cultural de la barriada.
Entre otras cosas y a modo de recordatorio, quiero mencionar que ésta no es la primera entrevista que me han hecho desde que comenzó la aventura:
"Me acuerdo del pequeño Guzmán.  Un chaval de Villatoro que, después de que su madre adquiriera un libro, y tras continuar mi peculiar ruta por el pueblo, me envió al día siguiente un mail. Guzmán me solicitaba responder a unas cuantas preguntas, pues en clase le habían mandado un trabajo que consistía en realizar una entrevista a alguien. Lo hice encantado.
Tras pasar varios días, recibí otro correo en el que me decía que le había gustado el libro y a su profesor también, puesto que se lo tuvo que dejar, ya que no se creía mi existencia. Éste le puso un nueve como nota y eso hizo que me sintiera muy orgulloso."

Desde aquí te envío un fuerte abrazo. Gracias, Guzmán.

También quiero dar la gracias a Inma, la redactora, Miguel Ángel, el fotógrafó y, como no, a Carmen, la señora que aquirió el ejemplar número 612. 
  

sábado, 3 de marzo de 2012

Somos una curiosa especie.

Hay momentos en el día en el que te paras un momento para reflexionar. Observas tu situación y, casi sin querer, vuelves la cabeza para mirar hacia atrás. Te dices, ¿estaré molestando a toda esta gente con la que me encuentro? Hay situaciones en que te das cuenta de que por supuesto que lo haces.
Me ha pasado esta semana en Miranda de Ebro. No me gusta meterme en portales, subir al último piso y tocar puerta a puerta, planta a planta, para ir descendiendo las escaleras hasta llegar de nuevo al portal, tras haber promovido un poco de cultura. Pero reconozco que no siempre el día es ideal para tocar viviendas unifamiliares y adosados. El caso es que tras muchos timbrazos en uno de estos portales, me tocó en una de las plantas una puerta un tanto curiosa:

- !!Ringg¡¡- hizo sonar mi dedo atosigador en el silencio de la planta.
- ¿Quién es?- Tras la puerta, una voz gritona y falta de cortesía preguntaba- ¿Quién llama?
- Hola, que soy Sergio, un escritor que anda buscando gente que le interese la lectura- dijo mi voz, que arrastraba un eco sordo por las estrechas paredes.
- ¿Quién es?- Los oídos de lo que supuse era una señora, resultaron poco eficaces.
Mientras me resignaba para volver a insitir, la cerradura comenzó a dar vueltas. La puerta se abría.
Tras el hueco, una señora desarreglada, con malos humos.
- Hola, muy buenos días, mire, que soy Sergio, un escritor...- La mujer me miró, me analizó y su cabeza quiso comprender vete a saber qué clase de historia...
- ¡Se vaya usted de aquí!- gritó mientras yo iba  entendiendo que no le interesaba la lectura y que mucho menos me iba a dejar explicar mis intenciones- ¡váyase de aquí!
- De acuerdo- dije a la vez que pensaba que esos gritos iban a resultar caros para que mi éxito surgiera en otros hogares. El ademán fue claro. Mi dedo se dirigía hacia el timbre de la puerta vecina. Las oportunidades no se deben dejar escapar, así que pulsé el timbre. La señora seguía con su rabieta, chillando y procurando por todos los medios que abandonara, no solamente la planta, sino el portal, el edificio y todo su territorio. Agradecí que no contestara nadie; que, por otro lado, lo comprendo, en la puerta vecina.
- ¡¡Aquí no queremos propaganda de ningún tipo!! ¡¡Váyase de aquí¡¡- por suerte las otras dos puertas de la planta se hallaban a unos metros de la de la señora quejica. Es por eso que no bajé las escaleras, puesto que mi intención era encontrar a alguien que leyera en esa planta.
La señora no cesaba en su empeño.
- ¡¡Paco!!- recuerdo que chilló- ¡¡Paco, ven, ven con la pistola!!
- Hay Dios- me dije. Y fue en ese instante cuando comprendí. Más bien, dudé en un primer lugar. Me imaginé a un señor saliendo de un piso con una escopeta recortada.
- No, no lo creo posible- y viendo que no venía el tal Paco con su rebaja, timbré las dos puertas que quedaban, por quedarme tranquilo más que nada y, comprobando que la puerta se cerró llevándose los gritos de la señora, descendí las escaleras, mientras mis oídos aún escuchaban, los aullidos desesperados de una mujer que, siendo sinceros, me transmitió algo de lástima.
A pesar de ello, recuerdo que encontré también a gente muy agradable en aquella jornada.

Es más, en muchas ocasiones, o en casi todos los días, la gente se interesa por mi proyecto y me invita a sentarme en sus porches, terrazas, hogares...  para entablar alguna que otra conversación referente a la literatura. Me explican, alguno de ellos que  también escriben pero que nunca se han atrevido, por falta de tiempo muchas veces, a editar sus escritos. Yo les animo a que lo hagan, porque considero la cultura como una inversión que, sin lugar a dudas, nos beneficia a todos. El caso es que son todas estas experiencias que recojo en el día a día con las que me quedo. No considero que haya maldad en aquellas personas que tratan así (como la situación desagradable de la señora del principio) a los desconocidos. Por supuesto que existen muchísimas variables; falta de empatía, inseguridad personal, desidia, mal humor, falta de tiempo, desprecio hacia lo ajeno...
Por suerte, estas situaciones son las menos y existen sujetos amables, atentos, que están dispuestos a ofrecer un minuto de sus vidas a una persona que intenta promocionarse, de las maneras que están a su alcance.
Es por ello que considero esta aventura como una caja de sorpresas. Nunca sabes con qué situación te vas a encontrar tras las innumerables puertas que se me abren en el día a día. A pesar de todo ello me siento cada día con más ganas de descubrirlo.