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lunes, 3 de abril de 2017

Felisa: La lectora nº 7500

Felisa con el número 7500
A lo largo de todos estos años lo he escuchado cientos de veces:

Introducirte en el mundo de la literatura, 
en los tiempos que corren, sin ayuda
 y sin ser conocido es tarea imposible. 

Y quizá sea cierto porque lo vengo comprobando día sí y día también. Pero como todos sabemos no solo está difícil sobresalir en este ámbito, sino en muchos de los que conforman nuestras realidades en la actualidad. Entonces, si la coyuntura actual se nos presenta de este modo, ¿por qué no proseguir con ese intento de lograr tus propios sueños? Gracias a ese empeño, en mi cabeza ha quedado grabada una idea:

 -Si algo te apasiona, adelante. Fuera excusas, ve a por ello-

Así pues, llevo ya más de cinco años haciendo lo que realmente me apasiona, escribir. Pero no solo eso, también conociendo de primera mano a los lectores de mis libros.

A colación de lo dicho, viene lo siguiente, porque, como ya muchos sabéis, cada vez que consigo conocer al lector que suma quinientos ejemplares más de mis novelas distribuidas, suelo obsequiar con una nueva publicación que da forma a mi antología y propongo hacerme una foto que documente esta experiencia.

Y fue así como el viernes pasado, a eso del mediodía, yo continuaba con la feliz idea de conocer a un nuevo lector o lectora que tuviera la decencia de escucharme, al menos. Y ocurrió que, en una de estas, Felisa abrió su puerta tras mi llamada y, de seguido, me presenté como escritor que iba en busca de lectores.

Sucedió en uno de los edificios de la localidad riojalteña de Santo Domingo de La Calzada.
Recuerdo que era una mañana típica de primavera. Los chaparrones caían con fuertes y frías gotas de lluvia. Luego, así como de pronto, el día se aclaraba para brillar nuevamente el sol y, tras todo ello, volver a llover de la manera más repentina.

Pero todo eso daba igual porque, pese a los numerosos "noes" que me iba encontrando, también yo proseguía con mi labor hasta que toqué, como digo, un nuevo timbre. Tras aquella puerta, Felisa, un tanto sorprendida por mi extraña presentación, me comentó que sí que leía. Es más, ella se interesó inmediatamente por el libro con el que me había presentado "¿Y por qué no?" y continué explicándole los pormenores de esta promoción.
Felisa me atendió atenta mientras hojeaba con sus manos el ejemplar a la vez que yo iba comprendiendo que me había topado con una nueva gran lectora.

Y esa magia que busco, se originó de pronto, cuando esta mujer canaria residente en La Rioja, me dijo que sí que quería el libro dedicado.

Y fue en ese momento cuando se lo conté:

- Tengo que decirte una cosa-, expuse un tanto inquieto, mientras ella me escuchaba con curiosa atención -este ejemplar es especial.

La mujer sonrió al rato, tras asimilar que se había convertido en la lectora-protagonista número 7500 de esta historia y yo me despedí de ella, tras la foto que ilustra esta entrada, orgulloso de haber conocido de primera mano a esta nueva lectora.

Nº 7500 y
 "La Rioja y sus pueblos entre cuentos. Vol.1"
De obsequio, tal y como decía, se llevó otro ejemplar dedicado a su nombre, de "La Rioja y sus pueblos entre cuentos.Vol.1".

-Este es para niños con edades comprendidas entre los 6 y 12 años -recalqué.
-No importa, me lo leeré también encantada -recuerdo que dijo.

Como decía, tras despedirme de Felisa con un par de besos, proseguí con mi búsqueda de lectores en aquella mañana de primavera, para recibir, tal y como estoy acostumbrado, nuevos "noes" que iban cayendo sistemáticamente cada vez que conocía a gente que, como Felisa, se caracterizaban por poseer mentalidades abiertas, y que tomaban la decisión de leer uno de mis libros..

Seguí así, a sabiendas de que de eso trata la vida. De subidas, de bajadas, de puertas a las que llamar, de puertas que no se abren, de las que se abren para cerrarse de pronto y de las que se abren para recibirme con los brazos abiertos gracias a gente que sabe apreciar el esfuerzo que supone todo esto de perseguir tus sueños.

Gracias Felisa, por abrirme la puerta aquel día, por atenderme y querer formar parte importante en esta aventura que un buen día decidí emprender. No todos los días se halla tras los umbrales a la lectora número 7500.

Hoy también me vienen a la memoria todos los lectores que lo hicieron en su día, me atendieron y decidieron leer alguno de mis libros. Son comentarios interesantes los que todavía atesoro porque de ahí proviene mucha de la fuerza que me invita a levantarme y a proseguir con esta historia errante por las numerosas calles y edificios que pueblan nuestras ciudades.
Gracias nuevamente por vuestro apoyo.

Como muchas veces digo:

-No sé hasta qué punto puede llegar un tipo con un libro bajo el brazo, pero lo que a cada momento tengo más seguro, es que estoy muy interesado en averiguarlo-





"Aprendió tanto de sus errores, 
que cuando tropezaba,
en lugar de caer, 
volaba"

Alex Rovira













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